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Mostrando entradas de noviembre, 2010

LIBROS PARA COMER, UNA INICIATIVA PIONERA

En los tiempos que corren cualquiera es capaz de leer con un poco de tesón y empeño los libros que se editan. Así es como la misma tipografía de los libros ha pasado de cuerpo 8 a 16 para que las jóvenes generaciones que se asoman a la lectura de policiales nordicos ( asi llamados por la ubicación geográfica de sus autores y porque sumergirse en ellos conlleva inevitablemente hundirse en el sueño de su falta de humor) no se despisten y se salten lineas. Lo del cambio de tipografía nos lleva también a otra realidad del quehacer literario: los originales son cada vez más delgados por lo que la letra grande compensaria la falta de ideas. Pero, ¿que sucede con los clásicos? aquellos farragosos libros que llenaban páginas y páginas de bien cuidada prosa y que fueron relegados con el tiempo a un mero objeto decorativo o prensafacturas en las casas de la gente bien?. Pocas son las personas que en el trajín de la vida moderna son capaces de llegar al final de un Kafka o un Tolsto