Tenía14 años cuando escuché a los Redondos por primera vez. Entonces ni se había inventado el concepto de la radio FM. Una de esas amistades del barrio, o un compañero de la secundaria, me dijo que en Radio del Plata se escuchaba buen rock nacional. AM. Amplitud modulada, con gente como Lalo Mir, la negra Vernacci y Eduardo de la Puente que triunfaban con 9PM y después se fueron a la rock and Pop. No solo era la radio. Eran las propagandas, los anuncios de los discos. Clics Modernos , de Charly, grabado en Ibiza, Vasos y besos de Los Abuelos. Y Los redondos ... ni siquiera tenían disco. Lo que sonaba en la radio cada tanto, con ese sonido tan particular, tan extraño, tan moderno dentro del moderno, nuevo y apasionante mundo al que me había asomado, era un demo que le habían pasado a Lalo, en el que estaba Barbazul y Superlógico. Me volaron la cabeza. Esa cabeza que comenzaba a llenarse de referencias literarias y cinematográficas que me impulsaron más tarde a comenzar ...
Yo no maté al dragón. Demasiadas princesas habitan este mundo que los incrédulos han diezmado de las antiguas maravillas. No. No podría haber matado jamás a una criatura tan fabulosa como un dragón, con soles en su vientre y contenidos amores en su coriaceo, envejecido cuerpo. Uno no mata a seres imposibles, capaces de entablar conversaciones, rimar, recitar, cantar e intercambiar opiniones acerca de cariños no correspondidos. Ya lo dije. Demasiadas princesas hay en este mundo y uno no las necesita. Fui a ver al dragón porque buscaba una mujer dragón, con todo un universo en su interior, para abrazarme a ella y abrasarme. Porque no soy un santo.