Me hablas de ti y leo en tus ojos, mientras miro como tu rostro, que empiezo a conocer y en un misterio que no entiendo, ya no es el mismo de hace diez mil palabras, que no seremos nada más que tú y yo. Caminaremos, sí, y bailaremos sí. Y hablaremos de esas importantes cosas leves o esas trascendentales cuestiones insolubles, y nos quedaremos en silencio, con los ojos brillantes, más, no como esa tarde de domingo. Y puede que te diga cosas al oido. y busque cada vez más tiempo en tus abrazos. Pero... ya no te haré el amor, ni veré tu quietud angelical de madrugada, ni la forma en que el sol hace miel en tu pelo. Aunque en mi corazon, tenga esa loca idea que algun día...
Arriba viejo Yacaré. Se escucha el grito atronador. Todos castigan sin temor pero no hay nada que hacer, en el disco ya esta Antunez, canta Angelito Vargas en tango muy bailado. Pero no hablaremos de ese Yacaré sino de otro, utilizado en ceremonia de magia en los humedales de Batón Rouge. Entre la miseria y el mito vudú, las tortas de barro y la pobreza más absoluta, aquellas buenas gentes convidan al forastero con su rústica amabilidad y lo aligeran de la vida en cuestión de segundos, afuera. Sobre la lona del ring, las manchas no disimuladas del anterior combate. El público corea y grita el nombre del campeón. Ya nadie se acuerda del italianito escualido al que sacaron entre cuatro por la puerta de atras... ¡cubranme! Más no desespere la santa maestra que en entrada previsible solia mesquinar los pagos y los gastos, luego de obsequiarse y agasajarse con viandas y bebidas. le soplan polvo zombi y a partir de allí maniatan su voluntad para siempre hasta que muere de v...