Seguimos bajo tus alas, todavía. El inmortal cuervo, que sigue aún posado encima de la puerta de la estancia y de nuestra alma nos acompaña con su estribillo triste: «Nevermore, Nevermore». Nunca más. Hace 177 años de un día como hoy y luego de exclamar para la leyenda «Dios se apiade de mi pobre alma» nos dejaste. No llegarías a cumplir 41 años. Tu envidioso enemigo, el reverendo Griswold, hizo todo lo posible para difamarte. A ti, que inventaste el cuento corto de terror psicológico, el de ciencia ficción y el policial. Que te paseaste con inefable finura por la sátira y el humor negro. Que aunaste aventuras y horror e influirías en el padre del horror cósmico, el sin par Lovecraft con tu única novela completa «La narración de Arthur Gordon Pym». Durante mucho tiempo creyeron gracias a la falseada biografía del infame reverendo, tu fama de depravación. Tu alcoholismo, tu adicción las drogas. Y ese halo oscuro, ese malditísmo, no dejó de crecer, Edga...